
Hoy estuviste aquí, se cumplían 365 días de no verte y volviste como cada año. Me diste mi abrazo y un beso como para recordarme que sigues aquí sólo para este día, no puedo creer que ahora que ya no estamos juntos si te acuerdes de esta fecha.
Tu olor de nuevo se quedo en mi cuello y en mi suéter. No lo había dicho pero hoy te detesto más que nunca, tu olor volvió a recordarme sentimientos que yo había perdido no se donde, de golpe todo regreso de nuevo en mi cabeza y me aleje de ti, para que regresaste si ya estabas perdido en mi memoria.
Acepte con una sonrisa tu visita en la puerta y tu pasaste como hace años con la misma confianza de cuando estábamos juntos, subiste y te sentaste en los nuevos muebles, criticaste de nuevo mi gusto por la pintura (demasiado arte para ti) y el color rojo que predomina en mi casa siendo que tu ni idea tienes de lo que es eso y mucho menos sentido por la estética, me pediste un abrazo para aliviar tu soledad y te ofrecí un café, me tomaste de la mano para sentarme junto a ti y sonreí con un gesto cínico y al mismo tiempo de incredulidad, me senté en el sillón de al lado, pregunte por tu familia, tu trabajo, por todo lo que se me ocurría y tu me veías a los ojos como si no quisieras hablar de eso, me dijiste que me extrañabas y te pregunte por tu coche nuevo que curiosamente lo escogiste rojo, me dijiste que me seguías queriendo, me reí y te pedí una disculpa por reírme tan fuerte.
Te molestaste y me dejaste de hablar, después de algunos minutos me pediste asilo porque ya era de madrugada y descaradamente te dije que ya había rentado el otro lado de la cama, te quedaste callado de nuevo, ojala hubiera escuchado tus pensamientos, como cuando tu querías saber los míos el día que me entere que me engañaste.
Me levante y te di la mano, agradeciendo la visita, me abrazaste fuerte deseándome feliz cumpleaños mientras que yo solo cerré los ojos y pensé en lo enferma que fue nuestra relación, me ibas a besar y te tome de la mano hasta dejarte en la puerta.
Sí, tu fuiste el primero en felicitarme como querías, pero también el último al que quería ver.
Tu olor de nuevo se quedo en mi cuello y en mi suéter. No lo había dicho pero hoy te detesto más que nunca, tu olor volvió a recordarme sentimientos que yo había perdido no se donde, de golpe todo regreso de nuevo en mi cabeza y me aleje de ti, para que regresaste si ya estabas perdido en mi memoria.
Acepte con una sonrisa tu visita en la puerta y tu pasaste como hace años con la misma confianza de cuando estábamos juntos, subiste y te sentaste en los nuevos muebles, criticaste de nuevo mi gusto por la pintura (demasiado arte para ti) y el color rojo que predomina en mi casa siendo que tu ni idea tienes de lo que es eso y mucho menos sentido por la estética, me pediste un abrazo para aliviar tu soledad y te ofrecí un café, me tomaste de la mano para sentarme junto a ti y sonreí con un gesto cínico y al mismo tiempo de incredulidad, me senté en el sillón de al lado, pregunte por tu familia, tu trabajo, por todo lo que se me ocurría y tu me veías a los ojos como si no quisieras hablar de eso, me dijiste que me extrañabas y te pregunte por tu coche nuevo que curiosamente lo escogiste rojo, me dijiste que me seguías queriendo, me reí y te pedí una disculpa por reírme tan fuerte.
Te molestaste y me dejaste de hablar, después de algunos minutos me pediste asilo porque ya era de madrugada y descaradamente te dije que ya había rentado el otro lado de la cama, te quedaste callado de nuevo, ojala hubiera escuchado tus pensamientos, como cuando tu querías saber los míos el día que me entere que me engañaste.
Me levante y te di la mano, agradeciendo la visita, me abrazaste fuerte deseándome feliz cumpleaños mientras que yo solo cerré los ojos y pensé en lo enferma que fue nuestra relación, me ibas a besar y te tome de la mano hasta dejarte en la puerta.
Sí, tu fuiste el primero en felicitarme como querías, pero también el último al que quería ver.