sábado, 13 de junio de 2009

LA ESPERANZA


Siempre la tuve.

Un mañana para dormir en tus brazos, para que fueras mío, para viajar al fin del mundo de tu mano, para formar un nuevo ser en mi vientre, para crecer contigo como pareja, para disfrutar de nuestras familias, para ver amor en tus ojos, para secarte las lagrimas, para vivir juntos, para pensarte y sonreír, para morir de viejos.

No la quería perder.

Pero me la arrebataste de las manos, la mataste con tus acciones, la humillaste con tus palabras y la perdi con tu partida, ni rogandome toda la vida volvería a sentirla.


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